Pensar a largo plazo
Pensar a largo plazo no me parece lo mismo que mantener una opinión para siempre. Algunas ideas merecen paciencia; otras necesitan revisarse cuando aparece nueva información.
Quiero distinguir entre lo que puedo aprender de una decisión y lo que solo sabré con el paso del tiempo. Escribir los supuestos puede ayudar a no reconstruir la historia después como si todo hubiera sido evidente.
La pregunta que quiero conservar es sencilla: ¿qué información me haría cambiar de opinión? Si no puedo imaginar ninguna, tal vez haya dejado de examinar la idea.